16 mayo 2017

Palabras en cadena Moby Dick


Si estás pensando leer este libro porque todo el mundo te dice que es un libro que hay que leer, aléjate de él. Si buscas un libro de aventuras que ha aguantado perfectamente el paso de tiempo, aléjate de él. Si tienes esa imagen del mito de la caza de la ballena blanca y decides leerlo, aléjate de él. Si piensas que estas ante un libro fácil, aléjate de Moby Dick. Aléjate, te digo.

Muchas veces oí hablar del libro, muchas veces me dijeron, léelo. Al final fue casi obligada su lectura. Tertulia literaria.

Me enfrente a Moby Dick esperando una novela de aventuras muy bien escrita, tenía esa imagen de la caza de la ballena. Así lo cuento. Y qué equivocada estaba. Moby Dick es mucho más que un libro de aventuras. Llamadme Ismael… El extraño narrador de esta historia ya atrapa al lector desde el principio, y es que, para mí, Melville pone en él el mejor personaje de la novela. Es superior, para mí, repito, incluso a todo lo que el Capitán  Ahab encierra. Porque si el Capitán encierra todo el odio (hago aquí un inciso para pensar en voz alta, no creo necesario contar de que va esta novela) Ismael encierra la sabiduría. El odio frente a la sabiduría, así defino esta historia.

Detrás de la obsesión de Ahab se esconde mucho acerca de nosotros. Esa lucha constante contra la naturaleza. Ahora recuerdo un pasaje de ballenatos mamando que me desagarró por dentro. Ahab quiere a toda costa acabar con un monstruo que el mismo ha creado. Porque si algo le queda claro al lector es que el animal se defiende. Solamente se defiende del ataque continuo de un capitán que quiere a toda costa vencer a la naturaleza. Quiere el poder. (Extrapolemos, señores, extrapolemos)

Y frente a esa sed de venganza inventada nos pone Melville a Ismael. La sabiduría. El chico que se enrola en el Pequod para aprender. Y ahora viene la parte “difícil” del libro. Porque Ismael nos lo cuenta todo acerca de las ballenas, en un ensayo que puede ser complicado para el lector, no por ser enrevesado sino por ser extenso, pero que es del todo necesario para entender el texto . La sabiduría de Ismael es parte indispensable de la novela.

La escritura de Melville convence al lector que es consciente de lo que lee, pero puede llegar incluso a asustar al que busca una “noveleta” de aventuras. Una no puede saltarse las partes que no le gustan de Moby Dick porque está rompiendo la estructura del libro. Y no solo su estructura. Cada página de este volumen es necesaria.

Moby Dick es la obra de las mil teorías y yo aquí me invento la mía: La sabiduría siempre gana al odio.

Y yo, que me enfrenté a él porque quiso el azar que lo hiciese volveré a leerlo.


Ahora te toca a ti, cierra los ojos y piensa. ¿Estás dispuesto a enfrentarte a la gran ballena blanca? 

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